El “Tapete de la Muerte” volvió a llenar las calles del centro histórico de Guanajuato con color, arte y tradición. Este evento, que suma ya 18 años de historia, reunió a más de 120 tapetes elaborados con aserrín y arena por artesanos de todo el país y del extranjero, en una manifestación cultural que honra a los muertos y enaltece la memoria colectiva.
Desde muy temprano, las calles de Sopena, Plaza Allende y calle del Truco comenzaron a recibir a artistas, estudiantes, instituciones, familias y colectivos, quienes con dedicación plasmaron obras llenas de simbolismo y color.
Verónica Chacón, coordinadora de eventos internacionales de Manos Unidas de Guanajuato, resaltó que esta iniciativa no nació como proyecto turístico, sino como un acto de veneración auténtica hacia los seres queridos que ya no están.
El evento contó con la participación de representantes de nueve estados de México, así como de artistas internacionales provenientes de Japón, Pakistán, El Salvador, Egipto, Argentina, Argelia, Francia, Venezuela, Italia y Cuba.
Uno de los participantes, César Arrucha de El Salvador, compartió el significado de su obra inspirada en la mitología salvadoreña: Cuyancúa, un ser mitad serpiente y cabeza de cerdo que representaba la llegada del invierno para los agricultores.
Cada tapete fue concebido como una pieza única dedicada a una persona, una leyenda o un movimiento social, resaltando la conexión entre arte, cultura y espiritualidad.
Como marca la tradición, al filo de las 10 de la noche, la figura de la Catrina recorrió cada uno de los tapetes para destruirlos con su velo, simbolizando la naturaleza transitoria de la vida y del arte, en un acto que mezcla lo sagrado con lo efímero.


