Entre los ecos de cornetas y redobles de tambores, la ciudad de Guanajuato volvió a vibrar con la fuerza de una tradición que se mantiene viva desde 1979: la celebración anual de los Banderos de San Miguel. Esta festividad reunió a trece batallones provenientes de la capital y municipios cercanos, conmemorando una práctica que combina rigor militar, fe y lazos comunitarios.
La organización del evento corrió a cargo de la Primera División Miguelense de Guanajuato, quienes rinden homenaje a las bandas de guerra, reconocidas como guardianas de un legado sonoro presente tanto en ceremonias cívicas como en actos religiosos.
Juan Arias Corona, general del primer batallón, explicó que esta celebración tiene raíces en San Felipe, donde surgió la iniciativa de establecer un día especial para homenajear a los banderos. Aunque a nivel nacional el Día del Bandero se celebra el 9 de marzo, en Guanajuato se ha adoptado una fecha vinculada a la veneración de San Miguel Arcángel, patrono de esta milicia.
Arias detalló que la convocatoria reúne a cerca de 13 batallones, cada uno con entre 30 y 40 integrantes, además de sus familias. El evento se ha convertido en un punto de encuentro intergeneracional donde los más jóvenes aprenden de los veteranos, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la continuidad de la tradición.
Más allá de la marcialidad, la esencia del festejo reside en la unión que genera entre las bandas. “Abramos lazos de unión, para conocernos todas las bandas que somos bastantes”, expresó Arias, destacando que esa hermandad es el motor que mantiene viva la celebración año con año.
La milicia de San Miguel reafirma así su papel como símbolo cultural y comunitario. La tradición de los banderos, lejos de extinguirse, se renueva cada año con entusiasmo, convirtiéndose en parte del patrimonio vivo de Guanajuato.
