Acueducto Solís permitirá reducir la extracción de agua de pozos en Guanajuato

El proyecto del Acueducto Solís–León avanza como una de las principales apuestas hídricas para Guanajuato, con el objetivo de disminuir la extracción de agua de pozos en municipios donde el abasto depende en gran medida de acuíferos subterráneos. De acuerdo con el director local de la Comisión Nacional del Agua en la entidad, Ángel Ernesto Ortega Mata, la infraestructura permitirá sustituir una parte importante del volumen que actualmente se obtiene del subsuelo por agua superficial proveniente de la presa Solís.

Los municipios contemplados dentro del esquema son León, Celaya, Irapuato, Salamanca y Silao, ciudades que concentran una alta demanda de agua potable y que en las últimas décadas han incrementado su dependencia de pozos profundos para sostener el consumo doméstico, urbano e industrial. La intención del proyecto es reducir esa presión y dar un respiro a los acuíferos que hoy enfrentan condiciones críticas de explotación.

La CONAGUA ha señalado que en Guanajuato tres de los cuatro principales acuíferos presentan sobreexplotación, lo que ha obligado a perforar a mayores profundidades para seguir encontrando agua. Esa situación no solo encarece el abastecimiento, también puede modificar la calidad del recurso extraído y complica la sostenibilidad del sistema a mediano y largo plazo. Bajo ese diagnóstico, el acueducto se plantea como una medida para disminuir el estrés hídrico en la zona más poblada y productiva del estado.

La obra está proyectada para transportar 3.8 metros cúbicos por segundo, equivalentes a cerca de 120 millones de metros cúbicos al año. Ese volumen sería distribuido entre los municipios beneficiados como agua en bloque para consumo humano, con la expectativa de reforzar el sistema de abastecimiento y reducir la extracción subterránea en una escala significativa.

Uno de los argumentos centrales del proyecto es que el agua que alimentaría el acueducto no saldría de un nuevo aprovechamiento extraordinario, sino del ahorro generado por la tecnificación del distrito de riego. Según la explicación oficial, el objetivo es recuperar volúmenes que hoy se desperdician en conducción y operación agrícola, de modo que una parte de ese ahorro pueda destinarse al consumo urbano sin reducir el agua del campo en términos netos.

La inversión estimada ronda los 15 mil millones de pesos, cifra que coloca al Acueducto Solís–León entre las obras de infraestructura hidráulica más relevantes para Guanajuato en los últimos años. Reportes recientes sobre el proyecto han indicado además que la obra forma parte de la estrategia hídrica federal y estatal para asegurar abasto a futuro en el corredor industrial del Bajío.

Más allá de la magnitud financiera, el proyecto se ha colocado en el centro del debate público por su impacto regional, su vínculo con la tecnificación agrícola y las expectativas de crecimiento de las ciudades beneficiadas. Para Guanajuato, la lógica detrás del acueducto es clara: bajar la dependencia de los pozos, proteger los acuíferos y construir una nueva fuente de suministro que permita enfrentar con más margen la presión urbana, industrial y demográfica de los próximos años.

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